Violeta Lópiz, en primera persona

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La revista CLIJ dedica su portada de septiembre a Violeta Lópiz (Ibiza, 1980), de la que señala que  “ha irrumpido con fuerza en la LIJ”, vaticinando que “nos dará muchas alegrías”. En este número, la joven ilustradora, a caballo entre Madrid y Berlín, repasa su trabajo, muestra ilustraciones inéditas y otras que pronto verán la luz en próximos libros, además de hacerse mayor en una lista de recuerdos. En continuo crecimiento, como su bibliografía.

Un ejemplo de su evolución permanente es la imagen de la cubierta, que pertenece a ‘El catalejo’, título de próxima publicación en Almadraba. Nutriendo sus “deslumbrantes” trabajos, Violeta señala el abono de Wolf Erlbruch, Isidro Ferrer, Pablo Amargo o Ana Juan, sin olvidar a su maestro, Javier Zabala.

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Pocos ojos como los suyos gozan de la capacidad de descubrir el espíritu de los instantes. Quedan grabados en su ser desde la infancia cuando “los huesos me crecían, los ojos también, bebía leche, miraba a mi madre, me puse gorda, luego flaca y, entretanto empecé a gatear, me metieron en un cesto y viajé a todas partes viendo el mundo desde abajo”.

Momentos, personas y objetos como “los señores con y sin bigote” o “las chumberas, más y más animales, la máquina de escribir, la sandía, la planta que daba huevos, la playa y sus chiringuitos, las montañas de sal, los cuerpos desnudos, la arena y luego la ducha… mis primeros rotuladores, el mordisco del hámster en el dedo y pintar con la sangre, leer las cartillas ‘Mi sopa’ y grabar los dibujos para siempre en mi memoria; entender qué era un dolor de tripa y esconderme con los amigos dentro de la higuera”.

Recuerdos que invitan a caminar por la infancia y acercarse al surrealista y tierno campo semántico de esta ilustradora ibizenca. Todo ello en una entrega muy especial de CLIJseccion-porque-leer

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