Filipo y yo

Daniel quería tener una mascota, pero un perro era imposible de mantener en un piso, de modo que cuando vio a ese hámster en el escaparate, enseguida supo que sería suyo, y que lo llamaría Filipo, como el padre de Alejandro Magno. En casa, cuando Daniel lo dejaba suelto, no hacía más que destrozos y travesuras, igual que en colegio, o en cualquier parte a la que lo llevaba. La gente se asustaba cuando veía a Filipo, pensando que era un ratón, o un animal agresivo. Pero para Daniel era mucho más: un ser querido.

Felipe López Salán da color a la historia de una singular amistad, escrita por Miguel Ángel Guelmí, con su trazo desenfafado en ‘Filipo y yo’ (El Volcán, Anaya).

> Filipo  y yo | Texto de Miguel Ángel Guelmí | Ilustraciones de Felipe López | El Volcán, Anaya, 2010 | Rústica hilo. 64 pp. 13,5 x 20,5 cm.

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