Con ustedes, María Simavilla

María Simavilla (Salamanca, 1983) es la incorporación más reciente a la agencia. De pequeña, sin todavía saber escribir, ilustró su primer cuento: ‘Pepito y el astronauta’. Ya sabía lo que quería ser de mayor. Así aparcó alternativas como “conducir un camión naranja, ser astronauta e ir al sol, ser peluquera o veterinaria y no se sabe cuántas cosas más”.

Su talento ha sido reconocido con el Primer premio en la modalidad ‘Cómic’ del certamen Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Salamanca (2009).  Y su obra ha sido expuesta en Cultural Moncloa y Galería Artis. Este verano, se ‘hospedará’ en la londinenses Red Gate Gallery.

Conjugar vocación y profesión “es algo que estoy empezando a sentir de verdad en este momento. Hasta ahora simplemente me he dedicado a trabajar y a hacer lo que creo que se me da mejor aunque nunca se sabe, puede que tenga otras habilidades ocultas aún por desarrollar como el lanzamiento de jabalina o las artes marciales… Procuro no obsesionarme con ponerme metas y trato de dejar que las cosas vayan surgiendo con naturalidad y fruto del esfuerzo. Una de las mayores recompensas es poder vivir u obtener algún beneficio de algo que te gusta y que harías de todas formas”.

Poco después, y tras hacer sus primeros pinitos en el mundo del graffiti “decorando” las paredes de casa, sus padres decidieron que lo mejor que podían hacer con María era apuntarle a clases de dibujo. Es algo que siempre les agradecerá. Pasó nueve años en la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy (Salamanca) hasta cumplir su sueño de ingresar en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca, donde se licenció en la especialidad de Dibujo.

En esta época disfrutó de una estancia de un año en la Academia de Bellas Artes de Venecia. La ciudad de los canales, le pareció “más que generosa. Todo lo que ofrece, mires donde mires, está lleno de historia, de misterio y, por supuesto, de arte. Me vino realmente bien descubrir cómo trabajaban allí, cómo se organizaban y qué relación tenía el profesorado con los alumnos, más cercana a la relación que pueda tener un maestro de taller con sus aprendices que a lo que estaba acostumbrada hasta entonces”.

Como cualquier artista, se incomoda al pedirle que defina su estilo, en el que “la nota común y fundamental es no perder nunca el sentido del humor y el toque justo de optimismo. Por otro lado, intento simplificar en la medida de lo posible cada vez que trazo alguno de mis dibujos. Los temas que trato no son enrevesados ni tienen un mensaje oculto, se inspiran en escenas cotidianas, en canciones o sentimientos. Supongo que son inofensivos e ingenuos, pero también creo que consiguen o han conseguido sacar alguna que otra sonrisa, aunque sea de medio lado. Divertir y divertirme, es lo único que pretendo”.

La música es una de sus grandes influencias junto al cine y la fotografía de décadas pasadas. “Es algo que tengo que agradecerle a mi padre y a esos interminables viajes de ocho horas en coche para irnos de vacaciones, cuando las carreteras eran casi cañadas. En aquellos largos trayectos nunca faltó una buena banda sonora”. Su paleta se nutre también de su búsqueda constante de creadores, cuyas referencias plasma en su blog, y la inspiración “del día a día y las escenas más cotidianas”.

Las ilustraciones de María inmediatamente nos transportan en un cadillac de sensaciones a los años 40 y 50, ya que siente una “atracción especial por las películas de entonces, al igual que por el swing y el jazz de aquella época”. Además, se confiesa “una férrea defensora de los finales felices, o al menos optimistas, y la década de los cincuenta fue la época dorada del optimismo, sobre todo en Estados Unidos. Supongo que tras la Segunda Guerra Mundial y el horror atómico no quedaba otra más que mirar hacia delante e intentar ser feliz”.  Aparcando las objeciones a cualquier tiempo pasado, su mirada es incapaz de resistirse a “la estética, la ingenuidad y el colorido de aquellas fantásticas imágenes e ilustraciones, publicitarias o no, en las que todo el mundo sonríe para la foto”.

En constante crecimiento, compagina la ilustración con un doctorado en Historia del Arte y Bellas Artes sobre la situación del Arte en el momento actual. Cuando algunos teóricos afirman que el arte ya no existe, que murió o lo mataron, María considera que “por fortuna existe un reducto, que para mí es como la pequeña aldea de los “irreductibles galos” en tiempos de los romanos, que se llama ilustración y que, aunque para muchos de estos artistas contemporáneos no sea más que un arte menor, a mi entender se ha convertido en un buen refugio para muchos de los grandes artistas de nuestro tiempo”.

En dos palabras (o casi)

Una época de la historia… La década de los 40, aunque fue una década horrible para el mundo, me atrae terriblemente por películas como ‘Casablanca’ o voces como la de Billie Holiday. Viajaría en el tiempo sólo para disfrutar en directo de ese tipo de cosas, no para quedarme.

El último museo que visitaste… El Prado, durante mi última visita a Madrid.

Un libro que no hayas conseguido acabar… ‘Los pilares de la tierra’. Lo intenté en dos ocasiones (después de que me lo vendieran por activa y por pasiva) pero debía tener cosas mejores que hacer o que leer.

Otro del que nunca te desprenderías… De cualquiera que recoja los fantásticos relatos de Poe, Borges, Cortázar o Juan Bonilla, por ejemplo.

Tres cosas que meterías en una cápsula del tiempo para tus bisnietos… Una de esas cartas que guardo con celo y que sólo conozco yo y el remitente. Un ejemplar de ‘Emigrantes’, de Shaun Tan, lleno de exclamaciones y comentarios en los márgenes. El primero lo escribiría en la hoja de respeto y diría lo siguiente: “Imaginación es esto”. Y un lapicero.

Un personaje que dibujar… El Doctor Jekyll.

Una aventura que vivir… La vuelta al mundo en 80 días.

El primer cuento que recuerdas… ‘La princesa peleona’, de Martin Waddell. No sé si es el primero pero quizás sí es el que recuerdo con más cariño, porque era una princesa de lo más atípica: pobre, independiente, que vivía con sus padres en un triste carromato en medio de un bosque y que se atrevía ella solita tanto con fieros dragones como con sus pretendientes más pesados.

Un producto para anunciar con tus ilustraciones… Siempre me han gustado las cajas de cereales.

¿Qué ciudad te parece más fotogénica? De todas en las que he estado creo que gana Venecia.

¿Algún color te da alergia? No. Los colores, si se saben combinar, no me dan ningún miedo.

Una película para colarse… ‘El Guateque’, para pasármelo en grande.

Nadie mira, ¿qué cuadro robarías? En la Galería de la Academia de Venecia estuve a punto de hacerme con un Canaletto, lo tenía al alcance de la mano y la verdad es que fue muy tentador. Del Louvre me llevaría ‘El astrónomo’ de Vermeer. Y el mejor y más difícil, porque éste no me cabría en ningún bolso, sería ‘L’empire des lumiéres’ de Magritte. Tres por uno, no he podido evitarlo.

Una canción para tararerar… ‘God Bless The Child’, aunque me cuesta mucho elegir sólo una.

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