FILustra, la casa de los ilustradores


La situación del arte, la profesión y el negocio en la ilustración del siglo XXI, en los días que vivimos y en los que están por llegar, ha centrado las jornadas de debate del I Foro Internacional de Ilustración de la FIL de Guadalajara (FILustra) durante los últimos días.

Cicerón creía que “un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma”. Paseando por la Feria, podemos afirmar que goza de mucha alma. Tanta que no le cabe en el cuerpo. Y ha ampliado la estancia para que los ilustradores disponga de un espacio propio bien iluminado y con vistas.

La directora de la FIL, Nubia Macías, destaca esta apuesta, “en la que veníamos pensando desde hace tiempo hasta que cerramos el proyecto”, con la que “animamos a los ilustradores latinoamericanos a profesionalizar su actividad”. Foros como este colaboran en este propósito con la reflexión sobre la situación del sector, encuentros con creadores de diversos países, el fomento de reuniones con las editoriales, la facilidad para acceder a asesoramiento legal… Todo ello y mucho más forma parte de la oferta de FILustra.

Castilla y León, invitada de honor, ha apoyado esta iniciativa trayendo a ilustradores de la tierra (Javier Zabala, Miguel Ángel Martín y Raúl Allén), cediendo la sala para los talleres, proyectando un vídeo con una selección de ilustradores de la Comunidad con trayectoria editorial… Un respaldo que, según el viceconsejero de Cultura de la Junta de Castilla y León, Alberto Gutiérrez, confían seguir manteniendo en próximas ediciones.


“Este arte cercano –recuerda Sandra López, directora de la agencia Pencil- no solo es presente y futuro, sino que nos acompaña desde que tenemos conciencia. Desde que comenzamos a comunicarnos y desde que sentimos la necesidad de recordar nuestro paso. Así nos lo transmitieron nuestros antepasados en las pinturas rupestres. Bien conscientes eran los iluminadores de los códices miniados que trabajaban con divina paciencia en los scriptoria de los monasterios. Como explica Jacques Fontaine se anticiparon en un milenio a las contracurvas  de Gauguin y Matisse, a los cubistas e inventaron la expresividad realista de Picasso en las Señoritas de Aviñón”.

Y es que, “las ilustraciones no son un mero adorno. Son una obra en sí misma. Vinculada a una narración, pero no su esclava. Un solo volumen recoge así la visión de dos creadores: el escritor y el ilustrador. Quizá también, una tercera, la inestimable aportación del editor”.

Por todo ello, los ilustradores y su obra necesitaban su propia casa: FILustra.

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