Archivo para Últimos trabajos

El conde Lucanor

Revisitar a los clásicos es revivirlos. Gabriel Pacheco posa una nueva mirada sobre los cuentos de los que se sirve Patronio para aconsejar al conde Lucanor en la adaptación que Serra Balaguer ha hecho para Biblioteca Teide de esta obra que Don Juan Manuel escribiera en el siglo XIV.

En las entrañas de la tierra

La campaña ‘Libros a la calle’, organizada por el Gremio de Libreros y la Asociación de Editores, cuenta ya con nuevos textos que abrirán, desde las tripas de la tierra, una ventana a las entrañas de los lectores improvisados de los vagones del metro madrileño. Raúl Allén y Violeta Lópiz colaboran una edición más ilustrando ‘La mujer nueva’, de Carmen Laforet, y ‘Las casa roja’, de Juan Carlos Mestre, respectivamente.

Esta iniciativa cumple catorce años (tantos como versos tiene un soneto, recuerdan sus organizadores) acompañando, desde el transporte urbano de Madrid, el diario afán de los viajeros: de casa al trabajo, del trabajo al ocio y del ocio a casa. Todo un año incitando a leer, instruyendo al curioso y entreteniéndonos a todos con trayectos más cortos y placenteros junto a Santiago Auserón, Francisco Ayala, Mario Benedetti, Ernesto Cardenal, Álvaro Cunqueiro, Miguel Delibes, Juan Farias, Laura Gallego, Miguel Hernández, Carmen Laforet, Tomás Eloy Martínez, José María de Mena, Juan Carlos Mestre, José Emilio Pacheco y Antonio Skármeta.

Taller de corazones

Cuando llega la noche y el silencio de los soñadores inunda la ciudad, del taller de corazones surgen misteriosos sonidos, porque… Matías tiene un secreto.

‘Taller de corazones’ recrea una artesanía maravillosa en la que no se arreglan zapatos, ni paraguas, ni se restauran muebles o se zurcen descosidos pantalones. Matías, el protagonista, repara —con el mismo mimo y cuidado que pone todo artesano— corazones dañados.

Su trabajo nada tiene que ver con el de un cardiólogo ni su taller con un quirófano. Con una estufa de leña calienta corazones helados; con agujas de plata cose corazones rotos; y con unas pinzas de olvido ajusta la hora de corazones que atrasan para que no se entristezcan con los recuerdos del pasado.

Para los “males del corazón” se recurre, convencionalmente, al efecto mitigador del paso del tiempo. Sin embargo, Arturo Abad nos hace soñar —en su primer cuento editado— con la posibilidad de que los daños emocionales puedan tener tan fácil remedio, como un dobladillo descosido o un tacón roto.

No obstante, no hay frialdad en el trabajo del protagonista ni en la narración del autor, cargada de ternura, consciente del simbolismo afectivo y sentimental atribuido universalmente a este órgano. Imposible tampoco no conmoverse con el secreto de Matías, que nos revela la generosidad sin límite y capacidad de sacrificio del que ama verdaderamente.

Este increíble taller y su protagonista sólo podrían cobrar vida en las siempre ensoñadoras imágenes de Gabriel Pacheco. El ilustrador mexicano juega intencionadamente con dos colores: el rojo y el azul, indisociables del corazón, la sangre que a través de nuestras venas azules es bombeada.

“Dicen que nuestro corazón es del tamaño de nuestro puño. Si es así, sea entonces el de los enamorados una mano abierta por la que vuela la vida”, proclama Pacheco. Seguramente este es el motivo de que centre la carga narrativa de las imágenes en los delicados y etéreos protagonistas: Matías y su amada Beatriz, a los que él ve como “dos opuestos que se persiguen infinitamente”. Por ello, en sus ilustraciones es él quien sale al encuentro de ella cada primavera —estación enfatizada por un collage de telas de flores que trepan por los árboles— en el “juego incesante que se enhebra por el hilo del tiempo”.

El hilo es una imagen recurrente y conductora en la narración visual que realiza complementaria al texto de Arturo Abad y que el ilustrador justifica en el hecho de que “nuestros corazones se tejen del hilo que fecunda, que se ovilla, que es crisálida de flor: esa promesa que es la vida misma”.

Igual de presentes están las latas, también con finalidad simbólica: “nada está perdido, siempre podemos comenzar cosas: es como la lata que rueda por el tiempo hasta que retoña una primavera como un tiesto lleno de flores”. Así nace el amor o así lo ven y lo cuentan Gabriel Pacheco y Arturo Abad.

Por una gentil floresta

Luchas de clase y religión, amoríos, intrigas… ‘Por una gentil floresta’, de la colección Adarga de Edelvives, recoge una crónica social de la época en una antología que reúne una extensa muestra de la lírica medieval española, uno de los hitos de nuestro folclore literario y musical.

Jacobo Muñiz ilustra una amplia recopilación de los cancioneros más representativos, poemas escogidos de Jorge Manrique, Juan de Mena y del marqués de Santillana así como un fragmento de la anónima Danza de la muerte.

Clásicos en versión original

Claudia Degliuomini, Jokin Mitxelena, Manuel Uhía y Carlos Velázquez ilustran las portadas de varios títulos clásicos de la literatura anglosajona en Richmond Publishing -desde ‘Sense & Sensibility’, de Jane Austen, a ‘The Canterville Ghost and other stories’, de Oscar Wilde-  para diferentes niveles de lectura en inglés.

Cuatro amigos eternos

Érase una vez un hombre que tenía un burro. Durante muchos años el animal había llevado la carga al molino pero ahora, viejo y cansado, ya no tenía fuerzas para ese trabajo. Así que el hombre, para ahorrar un poco de dinero, dejó de darle de comer. El burro, que veía muy negro su futuro, decidió escaparse a Bremen para hacerse músico callejero.

Gabriel ilustra ‘Los cuatro amigos’ (Kalandraka), adaptación del relato escrito por los hermanos Grimm. Con su estilo peculiar, nos presenta unos animales humanizados, con brazos y piernas, ataviados y caracterizados. La sencillez de las escenas, la suavidad de los colores y la calidez de las texturas hacen de este libro un clásico actual.

Anuska Allepuz en ‘Oh, quin tipi!’

Anuska Allepuz participa en la serie ‘Oh, quin tipi!’, de Ábacus, pensada para animar a los pequeños lectores a imaginar y expresar verbalmente sus propias ideas.