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Un abecedario irrepetible

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La Sirenita de Andersen, ese “personaje trágico que no encuentra su lugar, tan cargado de añoranza…  Por ser medio humana, tiene la desgracia de no estar viviendo en el presente, sino en un futuro que es una quimera. Es un personaje infeliz, pero tierno y hermoso”. Así ha interpretado Leticia Ruifernández su ‘S’, la letra que le ha correspondido en el particular abecedario que publica la revista Bloc en su primer número de este año.

Elena Odriozola, por su parte, ha dibujado su personal Dorothy, de su ‘D’, en este excepcional glosario en el que también han participado Carmen Segovia, Teresa Novoa, Miguel Calatayud, Javier Sáez Castán, Javier Olivares, Javier Zabala, Mercè López, Irene Fra, Manuel Marín, Antonio Santos, Emilio Urberuaga, Ivar Da Coll, Ignasi Blanch, Óscar Villán, Pere Ginard, Paco Giménez, Noemí Villamuza, Xosé Cobas, Alejandro Magallanes, Beatriz Vidal, Isidro Ferrer, Elisa Arguilé, Pablo Auladell, Rocío Martínez y Federico Delicado.

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“Nuestro abecedario no tiene intención canónica, en él aparecen ilustradoras e ilustradores españoles y latinoamericanos representativos todos ellos del panorama de la ilustración infantil contemporánea. Bien podrían ser éstos u otros o, lo que es lo mismo, son todos los que están, pero no están todos los que son. Y, digámoslo claramente: el pretexto para juntar a estos creadores ha sido un grupo de personajes de la denominada literatura infantil, unos más universales que otros, algunos de ellos arquetipos de los cuentos populares, otros extraídos de libros sin edad, más aquellos que proceden de los denominados clásicos juveniles”, afirman desde Bloc.

Y es que “se trata de una nómina híbrida o mestiza, pues toda selección es parcial, sin duda, y también porque mientras la M, la J o la P rebosaban de nombres propios protagonizando caracteres de mucha enjundia, se advertía una ausencia pavorosa de personajes cuya inicial fuese la U ola X; arbitrario misterio que sólo será posible desentrañar el día en que algún paciente investigador (que bien podría llamarse Daniel Nesquens o Gloria Sánchez) averigüe por qué la T tiene que ir forzosamente después de la S, o la C antes de la D, siguiendo una ley no explicitada jamás que, en definitiva, ha impuesto el orden en nuestro mundo de lectores”.

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