Archivo para Iban Barrenetxea

Iban Barrenetxea indaga en las claves de ‘Bombástica Naturalis’

El frío y el espumillón invitan al recogimiento en estas fechas tan entrañables. Proponemos buen acomodo y una taza de chocolate caliente para disfrutar del fantástico ‘Bombástica Naturalis’ (A buen paso), creación del afamado filósofo natural Bombastus Dulcimer según los estudios llevados a cabo por el meticuloso Iban Barrenetxea.

La inteligente ironía embarga tanto las ilustraciones como el texto de esta obra a la que Elisa Silió califica, en  El País, de “deliciosa” con “poesía y bellísimas imágenes”. Una recomendación, perder/invertir ingentes dosis de tiempo en recrearse con cada detalle de las escenas, que atesoran innumerables guiños.

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Iban y Violeta, entre los imprescindibles de El Cultural

Iban Barrenetxea y Violeta Lópiz aparecen entre los “diez nombres de hoy imprescindibles” que han sido seleccionados por los expertos de El Cultural en su especial de literatura infantil. Buen ojo, desde nuestra prespectiva totalmente objetiva.

 

 

 

La fantasía vuelve a inundar Sàrmede

Iban Barrenetxea, Violeta Lópiz, Elena Odriozola y Gabriel Pacheco forman parte del grupo de 38 artistas de una veintena de países que expondrán en la 28ª edición de ‘Le Immagini della Fantasia’, en el Palacio Municipal de Sàrmede (Italia), del 18 de octubre al 19 de diciembre.

Más de trescientas obras originales forman parte de esta muestra que ofrece un fascinante viaje por los cuentos, las fábulas y las leyendas del mundo a bordo de las ilustraciones de estos artistas. Sàrmede reúne una amplia representación de los libros publicados en el último año por todo el globo, recogiendo, además, tendencias y la evolución de la ilustración contemporánea.

Iban Barrenetxea (Elgoibar, 1973) ha llevado a Italia ‘El cazador y la ballena’ (OQO), mientras que Violeta Lópiz (Ibiza, 1980) ha sido escogida por ‘La coda canterina’ (Topipittori); Elena Odriozola (San Sebastián, 1967), por ‘Cuentos del mundo’ (Anaya) y Gabriel Pacheco (México DF, 1973) por ‘El gran viaje’ (OQO).

Cuando concluya su estancia en Sàrmede, la exposición viajará a otras ciudades. Así ha recalado ya en Venecia, Madrid, Génova, París, Sevilla, Salzbutgo, Viena, Estambul, Stuttgart, Florencia, Roma, Munich… Esta edición también dedica sendos espacios a Beatrice Alemagna y los cuentos brasileños. El programa, en el que participan anualmente unas 40.000 personas, se completa con talleres, lecturas animadas, encuentros profesionales y actividades escolares.


“Es la primera vez que participo en una exposición internacional, así que estoy emocionado por compartir cartel con autores que he admirado desde las gradas desde hace años. Para la exposición he seleccionado páginas y dibujos que considero representativos de mis primeros pasos en esta profesión. Un período en el que he trabajado con técnicas “artesanales” (lápices, pastel…); que obligaban a ignorar el reloj y que recuerdo con cierta nostalgia”, explica Iban Barrenetxea.

Por su parte, Violeta Lópiz aprovecha para repasar su trayectoria: “¡ZAS! Qué deprisa va todo, ayer conocí a Valerio en el curso de Sàrmede con Linda y, ¡ZAS!, ya hemos publicado un montón de cosas e incluso ¡estamos dentro de la exposición de Sàrmede! Y, ¡ZAS!, un puñado de canas. ¡ZAS! Me reencarno en un conejo blanco. ¡ZAS! En un árbol. ¡ZAS! En un libro llamado ‘La coda cantarina'”.

Para Gabriel Pacheco, “Sàrmede es una oportunidad de entender y de ver, la gran ocasión que nos regalan para aproximarnos a otras ideas. Es un ejercicio de ubicar, de ubicar-se, una forma de poder ver-se, contemplándose frente a otros, para decir aquí y hacia allá. Aceptar, por la gran oportunidad, el compromiso. Es así, detenerse un momento, mirar al rededor, tomar aire y volver a empezar”.

Iban Barrenetxea, nuevo compañero de curso

Septiembre nos trae un nuevo compañero de clase, Iban Barrenetxea (Elgoibar, 1973), a quien la experiencia como diseñador gráfico le sirvió para darse cuenta de lo importantes que son los libros para él, de ir acumulando un bagaje que ahora refleja en sus creaciones.

El absurdo y la casualidad, leyes absolutamente presentes en nuestro mundo, son un elemento más de su paleta, con la que retrata a carismáticos personajes que transpiran una sutil ironía como demuestra ‘Bombástica Naturalis’ (A buen paso), en el cual firma el texto y las ilustraciones.

Su primer álbum ilustrado, ‘El cazador y la ballena’ (OQO), cargado de poesía, le ha abierto las puertas de la 28ª edición de ‘Le immagini della fantasia’ de Sàrmede (Italia).

Procedente como otros creadores del diseño gráfico, tu primer álbum ilustrado (OQO) ha sido ‘El cazador y la ballena’, con texto de Paloma Sánchez. ¿Qué tal esta experiencia iniciática? Ha sido algo increíble. Es un privilegio que OQO abriera las puertas a un ilustrador surgido de la nada como yo. Además de lo instructivo que ha resultado todo el proceso de creación, hay momentos relacionados con este primer libro que se me han quedado grabados, como la sensación de terminar la última página, abrir la caja con los primeros ejemplares… Todo ha sido nuevo y muy emocionante para mí.

Este salto a la ilustración, que aplaudimos, ¿a qué se debe? Era inevitable… Lo fui posponiendo hasta que me di cuenta de que muchos de los motivos para no hacerlo no merecían la pena y que el resto no eran motivos, sino pretextos.

¿Qué equipaje te ha aportado el diseño en este nuevo viaje? Además de los conocimientos técnicos, durante esos años he tenido tiempo para darme cuenta de lo importantes que son los libros para mí, de ir acumulando un bagaje que ahora trato de reflejar en mis creaciones.

También escribes tus propios relatos. ¿Abordas de manera muy diferente una historia propia de la escrita por otro autor? Ilustrar un texto propio permite explotar de otra forma esa fusión entre narración/imagen en la que se basa el lenguaje del álbum ilustrado y, de paso, dar rienda suelta con mayor libertad a nuestro universo personal. Pero también es un reto interesantísimo plasmar las palabras de otro autor, especialmente si existe una afinidad con el texto a ilustrar.

Trabajas en digital. ¿Por qué esta elección? Siempre me he sentido muy cómodo con las herramientas digitales y ahora mismo es la técnica que encuentro más adecuada para las imágenes que trato de crear. De todas formas no descarto volver a trabajar con lápices o cualquier otro medio cuando sea conveniente. Veo la técnica como una herramienta al servicio de la obra, no al revés. Jamás debe convertirse en la protagonista del dibujo.

Tus ilustraciones desprenden una atmósfera que atrapa, que nos empuja a mundos fantásticos, aunque siempre anclados en éste. ¿En qué te inspiras?
La fantasía es más efectiva cuando surge de un contexto que, de alguna forma, resulta reconocible para el lector. El gato con botas adquiere todo su sentido porque, sorprendentemente, en la tierra del Marqués de Carabás el resto de gatos acostumbran a ir descalzos. Supongo que se trata de esas influencias de los clásicos y los cuentos populares. También me gusta mucho el ‘nonsense’, el absurdo y la casualidad, leyes absolutamente reales y presentes en nuestro mundo que ofrecen unas posibilidades narrativas tan interesantes como las de la fantasía.

Es inevitable hablar de influencias, lo británico se respira. Incluida la ironía… Siempre me ha gustado la literatura clásica. Cuando “descubrí” la literatura inglesa me sentí tan a gusto, tan identificado con sus personajes, sus ambientes, sus historias y su sentido del humor, que decidí quedarme ahí. Cuando alguien pasa la mitad del día entre las páginas de Charles Dickens, Jane Austen o P. G. Wodehouse es inevitable que, antes o después, eso empiece a reflejarse durante la otra mitad del día. Por supuesto, también me encanta viajar a la Inglaterra ‘real’…

Una de las claves de tus ilustraciones son los personajes. Transmiten una fuerte personalidad. ¿Cómo trabajas su creación? Antes de dibujarlos intento formarme una idea lo más clara posible de sus características; en algunos casos he llegado a escribir reseñas biográficas. Me divierte hacerlo y, de paso, me ayuda a tener una idea más clara sobre lo que pueden aportar a la narración y los aspectos que voy a tratar de destacar al dibujarlos. A Borges no le gustaba la costumbre de Dickens de caracterizar a los personajes por sus manías. A mí, en cambio, no se me ocurre mejor maestro para la creación de personajes que el escritor que pobló el mundo con Sam Weller, Fagin, Mr. Micawber, Uriah Heep, Pip, Miss Havisham, Scrooge, etc, etc, etc.

Aprovechemos para colarnos en tu proceso de trabajo. ¿En qué consiste? El momento más importante es el trabajo previo con el texto. Concedo mucha importancia al lugar que ocupa cada imagen en el conjunto de la narración; cada página es la consecuencia de algo y va a algún lugar. Mi único intermediario con el lector van a ser las imágenes, así que es primordial que éstas contengan toda la información necesaria para que hablen por sí mismas. Esa imagen soñada -que a veces surge en un instante y, otras, tarda muchísimo en llegar- sirve como punto de partida para dibujar e iniciar la parte más técnica. A partir de ahí quien va a decidir el aspecto final, son las propias posibilidades y limitaciones como dibujante.

Con un solo álbum ya eres conocido incluso en Taiwán, donde DPI te dedica un amplio reportaje. ¿Tu obra trasciende fronteras? Ojalá, qué mas quisiera yo… Lo de DPI es una de esas cosas mágicas que suceden gracias a Internet. Sitúa cualquier frontera a un click de distancia. Esta revista está dando a conocer a muchos ilustradores españoles por aquellas tierras. Lo cierto es que la ballena ha resultado ser bastante viajera: durante la Feria de Bolonia los organizadores de ‘Le immagini della fantasia’ se toparon con el libro y algunos dibujos van a participar en la 28ª edición de su exposición en Sàrmede (Italia) lo cual es un honor inmenso para mi.

A finales de año, podremos disfrutar de ‘Bombástica Naturalis’, un proyecto personal que publicará A Buen Paso. ¿Nos regalas un anticipo? En realidad no se trata de un proyecto personal, sino de la reedición de un libro de botánica del año 1810 que hasta hoy se creía perdido. Lo más curioso de este libro es que el ilustrador, en lugar de limitarse a dibujar las peculiares variedades creadas por el eminente botánico y filósofo natural Dr. Bombastus Dulcimer, rellenó las páginas con las escenas que sucedían a su alrededor. En fin, por lo visto era uno de esos ilustradores que se empeñaban en hacer lo que les daba la gana, una costumbre que afortunadamente ha desaparecido. Por eso esperamos que los lectores ignoren completamente lo que sucede en cada imagen y se fijen únicamente en las variedades botánicas de las que habla el texto, que es de lo que se trata.

En dos palabras o casi…

¿Diseño o ilustración? Ilustración,  pero guardo un profundo respeto por los diseñadores anónimos que ejercen una profesión tan exigente como poco agradecida. Por supuesto, quedan excluidos quienes utilizan la Cómic-sans.

¿Escribir o ilustrar? Veo ilustrar como una forma de escribir con imágenes.

¿Dibujar de día o de noche? De día, desde muy temprano, cuando aún es de noche.

¿Té o café? Té con leche y azúcar, por favor.

¿Con quién lo tomarías? Con Peter Pan.

Abonados a las disyuntivas, ¿Peter Pan o Alicia? Alicia.

Una ilustración que te haya marcado… Te respondo con un libro ilustrado: ‘La visita recordada’, de Edward Gorey.

¿Ese relato que nunca olvidas? ‘La isla del tesoro’, de Stevenson.

Lo dejarías todo por ilustrar… Hay muchas obras que me encantaría ilustrar, pero no tendría mucho sentido hacerlo sin las personas que me rodean.

Te inspira… Leer, pasear, viajar, escuchar música…

Un cuadro que te habría gustado firmar… El fresco de la ‘Anunciación’ de Fra Angelico, en el convento de San Marcos de Florencia.

Para un cinefórum casero, elige película. “El hombre tranquilo” de John Ford.

¿El viaje soñado? Al continente antártico para ver sus colores, las cabañas de los exploradores, las ballenas y, sobre todo,  para averiguar si es cierto lo que se cuenta sobre los pingüinos de Adelia.

Recomiéndanos lo primero que te venga a la cabeza (no vale insultar). En ese caso, lo segundo que me viene a la cabeza es apagar el ordenador y leer o releer ‘La isla del tesoro’. Qué envidia me dan quienes lo puedan leer por primera vez.